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viernes, 28 de diciembre de 2018 0 comentarios

Te espero en el futuro

La risa de cada día. El baile que surge de la nada. Somos pequeñas centellas de felicidad esporádica. Qué breve el tiempo cuando se le antoja. Y qué largo se nos hace el futuro cuando lo pensamos demasiado. Tenues luces he encontrado en mi camino junto a densas sombras. Nos van golpeando en esta senda tanto que a veces nos olvidamos de quienes somos. Y erramos, erramos deambulando, erramos con el otro. Lo peor ha sido siempre fallarte. Lo mejor, tan solo verte sonreír la luz una vez más cada día. De todo saldremos juntos. 


Porque ya lo hemos hecho. Porque siempre nos hemos encontrado en las encrucijadas del camino. Porque la vida nos ha devuelto siempre la sonrisa. Y la palabra adecuada a tiempo. Nunca fueron las mismas, pero siempre son las perfectas para cada momento. Solo que a veces tardan en aparecer, otras se disfrazan de amigas y tan solo sirvieron para herir. Hemos vivido los dos mucho de palabras, tanto que a veces nos olvidamos del gesto, de los recuerdos que yacen más allá de cualquier signo: aquel abrazo, aquel baile, aquella beso, aquella caricia y aquella otra tan indiscreta que aún recuerdo tu sonrojo.

Nos acostumbramos a los sobrentendidos y hemos vivido mucho bajo el paraguas de lo discreto, tanto que parece que no sepamos vivir de otra forma y, sin embargo y pese a las miradas ajenas, querernos tanto. Pese a todo lo que esté por vivir, sigue acompañándome. Porque de todos los mundos posibles, este fue el que elegimos: tenernos el uno al otro. Y no imagino otros senderos que no me llevaran a ti, porque siempre estuviste ahí. Entre los fugaces bailes, los insistentes zumbidos y la suave caricia a escondidas. 

Te espero en el futuro y en todos los 28 de diciembre de mi vida.
sábado, 14 de febrero de 2015 0 comentarios

Siempre vale

Cuando tomas la decisión de comenzar a caminar, tienes que estar dispuesto a aceptar el camino que te toque deambular. Eso mismo hice contigo. Sabía quién eras y aún te fui descubriendo más por este sendero que juntos comenzamos un veintiocho de diciembre. Puede que sonara a broma, pero en realidad iba muy en serio. Tanto que pasan los años sin que nos demos cuenta. Yo ya tenía alguna cana escondida entre mi pelo mientras que tú has mantenido las rosas negras de los rizos de tu pelo. Cuando miro atrás, la vida se bifurca en miles de posibilidades... y ninguna vale. Porque sé que la correcta, la que siempre vale, fue la que tomé y sigo estando a tu lado.

Y aún veo qué nos queda por recorrer y corro con más fuerza, pero también con más cautela. Porque no quiero que por el ansia de llegar a nuestros sueños, me pierda el esfuerzo vital de haber llegado a tu lado. No quiero dejarte atrás, sino empujarte hacia lo más alto. Ser tus fuerzas aún cuando las lágrimas quieran llegar a tierra. Luchar contra la gravedad y contra los miedos, las discusiones y peleas. Vencer molinos que parecían gigantes... pero que no eran más que molinos que dejar atrás en el paisaje. 


Te conozco y sé cómo cojeas. Y no te quiero a pesar de ello, sino con todo ello. Porque en ti, todo siempre vale. Porque no se trata de cerrar los brazos al reencuentro, ni cerrar los ojos a lo evidente, ni hacer oídos sordos a las palabras, tampoco de enfrentarlas como ogros, sino llegar a trazar en las adversidades un puente entre ambos. Que cuando un río separe nuestro andar, no dejemos que la corriente se trague a uno de nosotros, sino rescatarnos mutuamente o morir ahogados en la violencia de un último beso. Pero mejor rescatarnos, que si no, el viaje se acabaría aún antes de poder mirar atrás y decir: sí, siempre vale, siempre valió cada paso que dimos, mereció la pena. Porque ahora que sé que me marcho a otro camino aún más lejano, sé que si me quedara, aún podría celebrar con alegría cada catorce de febrero, como puedo celebrar cada día de marzo, y de mayo... y de todo el año.
domingo, 28 de diciembre de 2014 0 comentarios

Diario de abordo

El sol de esta noche no ilumina nuestra travesía, pero estoy contigo y eso me da fuerzas para continuar cada día, cada semana, cada mes, un año más. Las olas nos dejan a la deriva, la potencia del viento nos impulsa lejos de nuestro destino, pero nos agarramos a los remos y seguimos hacia delante. Desde que empezó este viaje, hemos sondeado mares extraños, tormentas imposibles y también aguas en dulce calma, cristalinas y bellas. Preciosas playas de islas desiertas. Un suave rumor de brisa fresca ha tocado tu cara y el aire se ha perfumado de tu presencia.

Mañana cuando vuelvan a despertar las flores, cuando la luna se pasee durante el día y las estrellas no brillen en el firmamento, cuando los hielos se derritan y la sombra arda, mañana cuando tú y yo no estemos, mañana, entonces solo quedará el recuerdo entre cenizas y arena de nuestros nombres armados en este texto. Hasta entonces, mi vida, que sirva para pensar en nosotros y en nuestra vida.

La primera vez que te vi no fue especial, lo especial fue comenzar a verte de otra manera. La primera vez que hablamos seguramente fue lo más normal del mundo, todo lo contrario que el primer te quiero. La primera vez que me llamaste por mi nombre no logro recordarla, pero aún escucho en mi oído cada susurro con el que me nombraste. La primera vez que nos despedimos no me dolió, hoy cada despedida me parte el corazón. El resto de primera veces las recuerdo perfectamente. Te he visto dormir apoyada en mí y he acariciado cada uno de tus cabellos. He visto pasar los años a tu lado y solo espero seguir haciéndolo. Hasta llegar a la última playa.


Esa playa donde recordar toda nuestra vida juntos. Aquella donde nos reiremos de todos nuestros sufrimientos, aquella donde lloraremos por nuestras alegrías. Aquella donde repasaremos estos primeros años y descubriremos que tan solo eran los primeros avances de un largo, larguísimo viaje. Aquel que en verdad estamos ahora empezando, porque siempre empieza cada 28 otra vez, como un fénix que renace de sus cenizas, como un barco que llega a puerto para seguir navegando, como tu sonrisa cuando hace brillar el mundo entre mis brazos. El mar sigue ahí, pero está para navegarlo.

Cuando echo la vista atrás, todos los rincones de mi memoria tienen tu nombre. Ya no has dejado ningún rastro sin tu presencia y no deseo realmente que quede ninguno que no lo tenga. En todo pones tu mirada y en todo dejas tu huella. Será por eso que ya no tengo más camino que seguir tus pasos allá donde me lleven.


lunes, 7 de julio de 2014 0 comentarios

Avanzar

[...]
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
[...]
Antonio Machado

Van pasando los años y las cosas cambian de manera inevitable. En esas momentos no podemos dejar de pensar en lo que está por venir, mientras, a la vez, recordamos todo lo que hemos ido dejando atrás, sabiendo que se trata de un camino al que no se podrá retornar. Sin embargo, nada nos impide tomar otra ruta a la que se esperaba, nada nos impide ser quienes queremos ser, aún cuando pensemos que no fuera lo que se esperaba que fuéramos. Pero es normal tener miedo e inseguridad, pensar en lo que queda por caminar, en retomar cosas a las que nunca hubiéramos pensado regresar. 

Quizás tuve la suerte de vislumbrar el final del camino desde casi el principio, aunque ahora sepa que tan solo vi mi camino deseado. Ahora que estoy a pocos pasos de concluir los cimientos, no quiero que tú, precisamente tú, tengas miedo. Porque la verdad es que nada hasta ahora hubiera sido como lo es de no haber sido por ti.

Ahora quieres rehacer tu camino, reconstruirlo, orientarlo hacia otro destino... yo estaré ahí para verlo, contigo. No tengas miedo a avanzar, es algo inevitable: el tiempo sigue corriendo y se nos escapa, ahora solo estás retrocediendo para coger carrerilla y salvar los obstáculos de tu camino. Hazlo con firmeza y no temas, que no te soltaré. No pienso hacerlo.

Gracias por estos diez, por estos cuatro, por estos tres y medio años. Gracias por la eternidad de los siguientes, aquellos que quiero vivir contigo. Porque mi camino no acaba aquí, sigo caminando, creándolo, junto a ti. Allá donde nos lleve y hasta el final.




martes, 22 de enero de 2013 0 comentarios

Una guerra diaria

En la ciudad llueve. Es el pensamiento de una mañana que quiso ocultar el sol. Lluvia. Las gotas me caen en la cara y solo puedo pensar en la nostalgia que me transmite un paisaje gris. Los edificios se alzan ocultando la auténtica belleza de su arquitectura. No fueron creados para perdurar. Tampoco como símbolo de lo bello. No están plasmados como una obra de arte. Y acaso me pregunto si una obra de arte no puede ser útil como un hogar que, a simple vista, parece tan frío como la lluvia.

Espero mientras las gotas recorren el camino que habrán de recorrer las ruedas de un autobús que no llega. Una pareja se despide con un beso en esta parada, el niño corretea a su alrededor y yo sonrío mientras suena L'estasi Dell'oro, la composición de un western con un silbido inolvidable. Una aventura que solo se puede vivir a través de una pantalla. Hoy cualquier cosa se puede vivir a través de una pantalla, pero no hay nada como el hecho cálido de un beso en una parada de autobús en una mañana lluviosa, mientras el vaho se hace visible a nuestros ojos y los niños juegan a fingir fumar.

Los días se repiten. Otra mañana será el sol dominante. Acaso las hojas de los árboles volverán a ser verdes cuando ahora podrían estar copadas de blanco. No hay mejor tiempo que el de la mirada que capta un segundo que nunca volverá a vivir. Lo captura como una fotografía. Y yo sigo pensando en aquella pareja, en aquel niño, en un autobús que tarda y en una clase que comenzará con un alumno menos. Preocupaciones de una vida presente que desaparecerán en una vida futura y que nunca existieron en una vida pasada. Me pregunto por la sonrisa tonta que se escapa de mis labios. No hay respuesta. O sí la hay. Es la nostalgia, es  la esperanza. Es un sentimiento que sabe a dos tiempos.


Es la desdicha de vivir cada día sin darse cuenta de que todos nuestros recuerdos son ya un camino recorrido y a superar por nosotros mismos. Quizás ellos no sabían ayer que se darían un beso que yo haría eterno. Quizás su preocupación en aquel momento no estaba en la mirada de un extraño, sino en una despedia diaria y cariñosa; la muestra de un esfuerzo por salir adelante de alguna situación desesperada. Porque la vida es así, una situación desesperada en la que necesitamos esperanzas, sueños que nos creamos para sobrevivirla.

Aquella misma mañana, la voz solemne en una clase magistral se dedicó a hablarnos de la máxima tragedia romántica que la literatura nos ha dado, sin nombres italianos. Silenciosamente llegó al final de la clase y soltó una última conclusión antes de marcharse. Sus palabras merecieron el sobrecogimiento de la sala, la emoción del escalofrío que te confirma que tiene razón, y la necesidad de compartir con todos el conocimiento más profundo de la vida. Pero no será hoy cuando reproduzca las palabras de un genio en el ocaso de su tiempo. Ni he de hablar de literatura, ni de amor. Solo de una guerra diaria. Porque no hay paz en el día a día. Porque vivir es estar en conflicto. Y en el momento de cerrar los ojos darse cuenta de que todo lo que somos y tenemos un día se esfumará. Eso es la guerra.

No importa quién venza, porque todos desaparecerán. Por eso prefiero vivir mis días sin lamentarme por los errores pasados. El agua no regresa a recorrer el mismo surco, avanza inexorablemente hacia el final, sea cual sea. Como el tiempo. Como mi tiempo.

Como tu tiempo.
viernes, 21 de septiembre de 2012 0 comentarios

Estudiante V: Volver

Cuando miraba a su alrededor sólo veía recuerdos, tristes o alegres, pero recuerdos de otros tiempos pasados. Era el lugar donde lo había vivido todo, desde sus mejores risas hastas sus peores lágrimas. Allí aprendió a sufrir y también a levantarse. Allí quedaban marcados entre antiguos regalos las relaciones que se olvidaron en el insípido y mal nombrado odio. Cerraba los ojos y tan sólo pensaba en otro lugar, a noventa kilómetros de distancia; un lugar donde no hay recuerdos tan profundos que se claven dentro de él.

¿Por qué se le hace tan fácil vivir solo y tan lejos de casa? Porque allí donde está puede comenzar una nueva vida: ya no ser quien fue sino quien quiere ser. Sin fundamentos, sin apariencias. Vive la realidad de querer saber donde está y mantenerse como quien es. Se sorprende de que al volver a casa, todo sea distinto y, a la vez, tan semejante. Reencontrarse con viejos conocidos tiene ahora un cariz distinto; aunque en verdad apenas los viera antes, ahora cuando los ve la experiencia se nota distinta, como si fueran personas diferentes, de un remoto pasado que quizás quiere olvidar. Todo parece diferente, pero, en el fondo, él se siente el mismo

 
Ha ido y ha vuelto tantas veces que se está haciendo hombre de dos espacios alejados entre sí. Y ahora está parado en la frontera. Allí sentado, mientras el último autobus de la tarde llega para que pueda regresar a su nuevo hogar, él sigue esperando. En aquella estación donde recuerda todos los trenes que pasaron y las ocasiones que se marcharon para no volver.

Él ya tenía un nuevo billete en la mano. En aquella ocasión, no iba a desperdiciar ningún segundo. Porque si lo hiciera, nunca podría perdonárselo.
viernes, 20 de abril de 2012 0 comentarios

20 de abril de 2012

20 de abril de 2012.

Supongo que te sorprenda que te escriba, hace ya un tiempo que no dedico muchas palabras a escribirte, a desnudarte con estas palabras, será que muchas cosas han cambiado, que ya no somos como antes ni tenemos el mismo tiempo para todas las cosas que siempre quisiéramos hacer.

Ahora mis palabras rinden homenaje a los clásicos ilustrados, a los lingüistas más reputados y a las teorías de la lengua que abstraen todos los conocimientos que tenemos de la vida en simples términos que seguramente no te digan nada. Pero a nosotros siempre nos quedarán palabras que lo signifiquen todo, reinventando el diccionario con cada día que pase. Escribiendo una historia con el devenir de los días, una historia que sólo entendamos nosotros, marcadas con días tachados en el calendario y a través de las palabras que cada una nos recuerde.


Habrá sonrisas, lo prometo, y seguramente lágrimas, no puedo evitarlo. Habrá alegrías y disgustos, crisis y soluciones, un camino que tendremos que ir superando con nuestro avance, aprendiendo que los obstáculos se saltan, pero que no separan el camino.

En esta vida buscaremos el claro entre las nubes, superaremos la lluvia, soportaremos el granizo y gritaremos a los rayos para alejarlos de nosotros. Para buscar el sol en un día gris.

Pueden ser palabras de siempre, pero en el fondo, son las palabras únicas de un día que sólo se repite una vez cada año. Y nunca de la misma forma.

Tu ángel.

sábado, 10 de diciembre de 2011 1 comentarios

¿Cómo llegamos aquí?

Nunca he sentido la necesidad de explicarme, simplemente estaba allí en el preciso momento en que debía estar. Quizás un poco más pronto y un poco más tarde, pero en el instante justo. Y si tuviera que olvidar algunos de esos fragmentos, preferiría morir, pues sin esos recuerdos dejaría de ser quien he llegado a ser.
En ese camino encontré luces y sombras. Alas y fuego. Fango y tierra. Me perdí entre los senderos donde hallaría lo que nunca esperé. Y en ese camino, me detuve y dirigí la vista atrás.

En la frontera entre todo lo que me había pasado y todo lo que me estaba a punto de pasar.
En una frontera olvidada.

En esta frontera.

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