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martes, 2 de febrero de 2016 0 comentarios

Un instante de serenidad

Ella no lo sabe, pero la estoy mirando. La veo meditar ante todos esos folios, ante el libro que sostiene entre sus manos, sumida en sus pensamientos y reflexiones, moviendo un bolígrafo cerca de su boca, mordisqueando ocasionalmente el tapón, escribiendo o subrayando, se acaricia la mejilla, se aparta un mechón de pelo, tuerce el gesto, parece seria. Y qué belleza desprende.

Ella no lo sabe, pero la estoy mirando como se mira a quien se ama. Ella en su mundo interno, yo en otro universo. Aún no se ha dado cuenta y temo el momento en que me descubra, en que nuestros ojos se entrecrucen y se rompa este instante de serenidad. Este silencio entre los dos, esta ausencia de comunicación en la que ella me dice cosas que siempre calla cuando realmente me habla.


Ese instante de plenitud en que dejamos de estar aquí. Reconforta el alma saberse tan seguro de estar tocando un instante del alma del otro.

-¿Qué haces?

Se rompió el momento, ella me sonríe como el niño al que se descubre en su travesura, con la timidez de quien se desnuda frente a otro por primera vez sabiendo que está a punto de entregarse. Ambos nos reímos. Y yo me quedo esperando. Esperando otro instante de serenidad.
martes, 7 de mayo de 2013 0 comentarios

22

Dos estrellas cruzan el agua como los años pasaron por su alma,
dejando un surco en la arena que ni el agua cierra. Rielando la luna.
Las raíces emergen hacia el cielo ocre como queriendo atraparla,
de lejos se escapa entre las brumas del alba. Sueño inocente.

Rosas negras coronan su nuca, mirada oscura entre dos sonrojos.
Afilada redondez de un curvo pontazgo para besos salados.
Retrato de versos largos, mayos en imprecisiones de una mártir.
Alcázar sensible que se alza altivo tras un negro telón.

Palacio que la cobija entre sus alas, mar inevitable.
Voces capitales claman su inocencia y un niño la vela.
Princesa entre las sábanas de un poeta amante que la escribe,
valiente pluma, la tinta revuelta. Abrazo nocturno.

Despiertan los patos, alzan su vuelo. Ocaso que nace,
los novios brillan. El agua en calma que el sol ya calienta.
Donde acabaron los versos terminaron hoy sus besos,
lágrimas hundidas en el feliz mar eterno.


lunes, 30 de julio de 2012 0 comentarios

Anhelo

Hay fronteras que no pueden atravesarse. Cielos que nunca podremos alcanzar. Estrellas que arden para no dejarnos tocarlas. Hay anhelos imposibles de superar.

El anhelo de tu pelo, un mar de rizos, en el que navego para encontrar un beso. El anhelo de un abrazo cuando menos me lo espero. El anhelo de esa risa que no deseas que llegue, víctima de unas cosquillas que no quisiste tener. Anhelo tus enfados, pero sobre todo, nuestra reconciliación. Anhelo pedirte perdón en un susurro que estremezca tu piel. Anhelo que me preguntes si te quiero, como si no supieras la respuesta.

Anhelo tus sustos, tus sonrisas y tus golpes. Anhelo verme reflejado en tus ojos, porque me veo en ellos como no me veré nunca. Anhelo ver el atardecer y la luna contigo, en un sofá compartido. Anhelo ir a tu lado en el autobús. Anhelo nuestros problemas de cada día, porque superarlos es parte de nuestra vida. Anhelo verte huir de las cebollas y las moscas, de los mosquitos y demás bichos. Anhelo tus gritos en fa sostenido. Anhelo tus caídas, cada una de ellas.


Anhelo tu gesto cuando te tiro una foto, y anhelo que luego quieras verla. Anhelo que digas que estás fea y yo sepa que eres mi princesa. Anhelo verte llorar, aunque siempre espero que sea de felicidad. Anhelo enervarte con mi detallista organización. Anhelo hacerte de comer y regañarte cuando no has terminado tu plato. Anhelo perder contigo en un juego y anhelo ganarte después. Anhelo sorprenderte. Anhelo caminar por las calles de una ciudad que no es nuestra, pero que nos ha conquistado a los dos.

Anhelo tus pases de modelo, anhelo verte maquillándote, anhelo verte sin maquillar. Anhelo ver cómo te despiertas, siempre tan despacio, siempre con demasiada paciencia. Anhelo escuchar el despertador a tu lado. Anhelo tener una vida contigo. Anhelo soñar juntos, sea dormir en una misma cama o vivir un futuro que aún no ha llegado. 

Anhelo verte a mi lado y esperar verte ahí por cuantos años tengamos que vivir.
miércoles, 11 de julio de 2012 0 comentarios

Estudiante II: Atardece

Cuando los últimos rayos de sol golpean sobre Sierra Nevada y todo el cielo se inunda de un color morado entremezclado con el naranja que se refleja en las nubes y el azul se va perdiendo en las tonalidades de la oscuridad nocturna. 

El reloj marca los minutos que pasan mientras el estudiante pierde el tiempo observando cómo el sol desaparece. Una imagen que lleva viendo desde que tiene uso de razón, pero que, en aquel momento, se introduce por su retina y llega a la laguna de sus más íntimos pensamientos. 

El cielo se va apagando. Mientras, en el horizonte, se dibujan las últimas líneas de una mezcolanza de naranjas y azules que recuerdan las pasiones olvidadas del último invierno.


Aquella noche de principios de otoño, en la soledad de aquel lugar, sería el momento en que pensaría que su vida había cambiado. Y no había sido él quien lo había decidido, sino aquel atarceder que manchó el cielo de nuevas estrellas. 

Porque estuviese donde estuviera, aquel momento le recordaría siempre a casa.


Créditos de la foto a Mariela Bustos Ortega
viernes, 16 de diciembre de 2011 1 comentarios

Definiendo imposibles

Es la ignorancia, es la pesadumbre, es el silencio de los ilusos, es la miel en los labios, es la palabra mal dicha, es el sí que es no, es el no que se escondió, es do, es si bemol, es misterio o acertijo, es menosprecio, es alteración, es un error o un acierto, es correspondido, es alérgico, es un dolor o es la sanación, es un camino, un sendero o un río; es hoy, es ayer, será mañana o será después. Es viento, aire, fuego y agua, es tierra o metal, es aliento, es un beso, es una flor, es letra, es abecedario, es Roma, es París, es Santiago o Finisterra, es un nombre o un apellido, es un amanecer, es un atardecer; es un punto o una coma, es un libro, un marcapáginas, un peluche de la estantería, una libreta medio escrita, una pinza en el escritorio, un lapiz sin punta, un despertador roto, una cámara, una cinta, una pantalla blanca, un disco virgen, unos auriculares, una canción, unas pilas, una cámara, una foto. Es un corazón roto, es un cerebro sin ojos, es un estómago turbulento o unas mariposas sueltas. Es un reloj ahogado, unas manecillas que marcan la fatal hora, es un bolígrafo sin tinta, un cinturón tirado, una cama sin hacer, una almohada doblada, una insípida botella, una maleta abierta, alguien desaparecido, un aire fresco, una gota de agua que cae y cae... Es un perfume que no se olvida, una guillotina que corta sus cartas, es la habitación vacía que dejó tras marcharse.

Es la enumeración de los días que pasan sin que nada cambie. La enumeración de cosas que al ver recuerdos me traen, que como jueces de olvidos hablan.

Es nostalgia, es descripción, es olvido, es recuerdo. Es todo lo que escribí y todo lo que lei de ti. 

Es, posiblemente, una bendición y una maldición.

Lo llaman amor.


martes, 13 de diciembre de 2011 1 comentarios

Fragilidad de la eternidad

Fría, distante, ajena a su alrededor alborotado, como sombra que se alarga oscura entre el verde que crece entre nosotros. Escondida entre las arrugas de su rostro, a cada marca un año y a cada año, un siglo. Con las manos toca el cielo, que le parece más cercano que una vida plagada de recuerdos que se apagan con cada atardecer. Hoy sigue siendo como ayer y ayer como la eternidad, nada ha cambiado para ella salvo el silencio que ya no la habita.

Y cuando la miro sólo recuerdo todos los ocasos que compartí con ella y con la que me enamoré de ti.


sábado, 10 de diciembre de 2011 1 comentarios

Por si no me conocías

Cuando miraba a su alrededor sólo veía recuerdos, tristes o alegres, pero recuerdos de otros tiempos pasados. Era el lugar donde había lo había vivido todo, desde sus mejores risas hastas sus peores lágrimas. Allí aprendió a sufrir y también a levantarse. Allí quedaban marcados entre antiguos regalos las relaciones que se olvidaron en el insípido y mal nombrado odio. Cierra los ojos y piensa que en otro lugar, a 90 kms de donde está, no hay recuerdos tan profundos que se claven dentro de él. 

¿Por qué se le hace tan fácil vivir solo y tan lejos de casa? Porque allí donde está puede comenzar una nueva vida: ya no ser quien fue sino quien quiere ser. Sin fundamentos, sin apariencias.

Vive la realidad de querer saber donde está y mantenerse siendo quien es. Se sorprende de que al volver a casa, todo sea distinto y, a la vez, tan semejante. Reencontrarse con viejos conocidos tiene ahora un cariz distinto, aunque en verdad apenas los viera antes, ahora cuando los ve la experiencia se nota distinta, como si todo hubiera cambiado, cuando sólo son sus ojos los que se endurecieron con la vida. Pero en el fondo, él se nota igual.



Él, que se creó una barrera de insensiblidad tras todas las derrotas que sufrió, espera un tiempo mejor que vendrá, disfruta, porque no está triste, porque ya no va a estar triste. No quiere dar más de lo que en verdad da y está fingiendo que no le importa, cuando sí lo hace. Porque no sabe definir donde están los límites y se pierde entre los pensamientos de los demás. Él, es peor que las sombras que mienten, porque al menos las sombras expresan lo que quieren. Él, se defiende de los argumentos queriendo decir que no es así: dejadlo en paz, él tomó sus decisiones y no tiene que ser como los demás.

No le gusta salir, no le gusta vivir así. Prefiere un café por la tarde que una copa en la noche. Unas cuerdas de guitarra que la música de una discoteca. Una partida de billar que una partida de a ver quien bebe más. Le gustaría bailar, pero hace tiempo que se volvió tímido y vuelve a pensar... que en otro tiempo nada fue igual.

Él, es un manazas al cuadrado, no sabe exactamente qué quieren los demás e intenta hacer lo que puede, se equivoca y vuelve a errar, le faltan explicaciones y se calla. Se calla porque él es así. A él le han dado cientos de oportunidades de tener otras vidas... pero él decidió no aceptar ninguna. Se mantiene fiel a su idea y sabe que así es feliz, porque él no encontrará la alegría en la marcha de un bar, sino en las conversaciones de paseos cerca del mar... o por rincones desde donde se vea la ciudad.

Y lo peor es que los demás juzgan sobre él. Piensan que pobre, no sabe vivir la vida, pobre, que se preocupa por los demás así porque sí, que se dedica a buscarse ocupaciones, ¿para qué? Para nada.
 
Él no piensa que algo pueda ser o no importante, sólo piensa que para la otra persona lo es, y si le preocupa, ¿qué más dará si es o no importante para él? Lo peor es el silencio y la distancia cuando él busca colaborar. Es cierto que a veces no entenderá, no comprenderá, pero se cansa, se cansa de que le den vueltas y entonces decide cortar, apagar, dormir y esperar... Siempre esperar a que llegue la calma.

Él es feliz así. Muchos dirán que pobre iluso, que verá su vida pasar sin disfrutar de lo que muchos han hecho, han bebido y han tenido. Pero él sólo se encogerá de hombros, sonreirá y contará un chiste malo que sólo él entenderá. No le importa.

Nunca le importó que los demás pensaran éso de él.

Él sigue esperando. Sigue parado en la estación, recordando los trenes que pasaron y las ocasiones en que se marcharon.

Dicen que en su vida no pasa nada... pero a él le da vertigo pensar en todo lo que ha pasado.


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