domingo, 14 de septiembre de 2014 0 comentarios

En la realidad de nuestra memoria

Cuando volví a abrir los ojos, contemplé con asombro que todo seguía allí: la litera con su escalera blanca, el armario alto, el escritorio con libros de texto, el cuarto de baño, con su pequeña bañera con mampara, incluso algunos juguetes de plástico dentro de un cubo. El largo pasillo, el dormitorio cerrado de mis padres y un salón decorado con un abanico de grandes dimensiones y una mesa cuadrada con taburetes negros debajo del cristal. Una barra americana mostraba tras de sí la cocina, aunque mis ojos no llegaban a vislumbrarla. En fin, aquella era la casa de mi infancia. Y yo tan solo era un niño. De nuevo. Aunque no lo supiera.


No, no lo sabía. Solo vivía mi vida de niño, lo que eran aquellas cuentas difíciles, algún libro de clase, en la televisión echaban dibujos y yo reía o me quedaba quieto, pendiente de la pantalla. Cuando anocheció, cuando aquella noche me quedé mirando la cama encima de mi cabeza, aquella cama sin nadie en su interior, tan solo repleta de peluches, aquella cama a la que me daba miedo subir, tan solo entonces cerré los ojos y empecé a soñar.

Al despertarme al lado de mi novia, sonreí. Lejos de aquella casa, lejos de aquella vida, lejos de cualquier recuerdo.
lunes, 7 de julio de 2014 0 comentarios

Avanzar

[...]
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
[...]
Antonio Machado

Van pasando los años y las cosas cambian de manera inevitable. En esas momentos no podemos dejar de pensar en lo que está por venir, mientras, a la vez, recordamos todo lo que hemos ido dejando atrás, sabiendo que se trata de un camino al que no se podrá retornar. Sin embargo, nada nos impide tomar otra ruta a la que se esperaba, nada nos impide ser quienes queremos ser, aún cuando pensemos que no fuera lo que se esperaba que fuéramos. Pero es normal tener miedo e inseguridad, pensar en lo que queda por caminar, en retomar cosas a las que nunca hubiéramos pensado regresar. 

Quizás tuve la suerte de vislumbrar el final del camino desde casi el principio, aunque ahora sepa que tan solo vi mi camino deseado. Ahora que estoy a pocos pasos de concluir los cimientos, no quiero que tú, precisamente tú, tengas miedo. Porque la verdad es que nada hasta ahora hubiera sido como lo es de no haber sido por ti.

Ahora quieres rehacer tu camino, reconstruirlo, orientarlo hacia otro destino... yo estaré ahí para verlo, contigo. No tengas miedo a avanzar, es algo inevitable: el tiempo sigue corriendo y se nos escapa, ahora solo estás retrocediendo para coger carrerilla y salvar los obstáculos de tu camino. Hazlo con firmeza y no temas, que no te soltaré. No pienso hacerlo.

Gracias por estos diez, por estos cuatro, por estos tres y medio años. Gracias por la eternidad de los siguientes, aquellos que quiero vivir contigo. Porque mi camino no acaba aquí, sigo caminando, creándolo, junto a ti. Allá donde nos lleve y hasta el final.




sábado, 31 de mayo de 2014 0 comentarios

Tras un ocaso

El símbolo de un tiempo que se acaba es lo que representa el día de hoy, como un ocaso simboliza el fin de un día, aunque vuelva a amanecer. Y ahora estamos en esa noche, en ese precipicio que desconocemos, pero que también nos invita a una nueva aventura.

En este momento, como cuando se llega al final de una escalada, es momento de mirar atrás y llenarse de nostalgia por la fugacidad de la vida, por la fugacidad de unos años que, aunque rápidos vistos desde ahora, han hecho mella en nosotros y en nuestra forma de ver la vida, de relacionarnos con el mundo y de terminar de formarnos tal y como somos ahora.

Este es ahora el recuerdo a lo que ha sido tu camino, un camino anaranjado ahora, pero que comenzó bicolor o multicolor o discoquetero. Lo desconozco porque no estuve ahí, o lo estuve, pero de una manera distinta a cómo he llegado a estar después.

2010, 2011, 2012, 2013, 2014. Con ellos, residencia, piso, facultades, bibliotecas, clases, comedor, Kapital, Kinépolis, el mirador de San Nicolás o la Alhambra nos vieron pasar como anónimos transeúntes, sin saber que dejaban en nosotros una seña imborrable. Profesores, compañeros, seminarios, conferencias, fiestas, cumpleaños, visitas turísticas, viajes, paisajes, fotografías, regalos, amistades... y amor. Supongo que son parte de las vivencias emprendidas desde que decidimos venir a Granada, algunas esperadas y otras, inesperadamente sorprendentes, pero completamente gratificantes.

Pero de entre todas las cosas que he descubierto en este camino, más allá de la literatura, la lengua, los balances y las marcas, estás tú. Tú que, pese a todo, has alumbrado todo el recorrido. Tú que me has acompañado desde antes de comenzarlo y que ahora yo te acompaño a terminarlo. Nosotros que creamos un sendero único para los dos desde que una broma pasó de ser mentira a ser verdad. Contigo se ha cumplido la mitad de mi sueño y juntos cumpliremos el resto.

Ahora toca cerrar las puertas de un pasado, otra etapa que quemamos, otras personas de las que nos despediremos. Y una ciudad que ha visto la culminación de nuestro crecimiento, de nuestro aprendizaje, de nuestros corazones nacientes. Una ciudad que te ha visto llorar y que te intentó consolar con sus atardeceres, con sus noches en vela... 

Te recuerdo leyendo mis apuntes en el sofá. Creando experimentos en la cocina. Fotografiando una y otra vez el mismo cielo. Rellenando de números folios de cuadros. Intentando venderme un producto para el que habías inventado una campaña. Ruborizándote al pensar que tendrías que hablar en público y sorprendiéndote de mi templanza sin nervios. Quejándote de la cantidad de libros que nos iba a sepultar. Quedándote dormida a mi lado, derrotada tras un examen. Viendo el amanecer juntos antes de soñar. Inventando excusas para quedarte un rato más a mi lado. Recordando otros momentos que no volverán y soñando con los que habrían de llegar o con los que quedaron pendientes. Soñando proyectos juntos y trabajando en otros que ya existían. Recorriendo Granada a todas las horas posibles de un día, incluso a las prohibidas. Cogiendo un bus en el último segundo o esperarlo durante una eternidad. Contemplar una y otra vez la Alhambra, tan solo una vez nevada. Cuadrar nuestras fechas de exámenes y buscar el momento oportuno para disfrutar juntos. Ir al cine y comenzar a verlo de una manera distinta. Descubrirnos mutuamente. Identificarnos sin voces, conocernos solo con un gesto. Repasar las lecciones juntos.

Y saber que ya no viviremos estos momentos como los hemos vivido hasta ahora.

Pero también que nadie los borrará jamás de nuestros recuerdos. De los recuerdos de un amor naciente que surgió de una amistad madurada en el dolor y la risa. 

Y ya solo me quedan palabras de agradecimiento. Y un enhorabuena.

Enhorabuena por llegar al final del camino... y por hacerlo conmigo.

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