martes, 31 de enero de 2012 2 comentarios

El día

Era 31 de enero de 1992. Una fría mañana invernal cercana aún al amanecer de un sol que despuntaba sobre una ciudad que había pasado días de mínimas temperaturas. Ese día, como tantos otros, ella se había despertado y había seguido su rutina. Sin embargo, quizás porque lo sintió, o quizás porque así debía ser, se decidió a dar por hecho que aquel era el día, ese que tanto había estado esperando. Todo comenzó con un simple dolor de espalda. Quizás no fuera nada más que eso: un dolor de espalda.

Pero a las 09:14 de la mañana de ese viernes 31 de enero de 1992 nació la criatura por la que había pasado aquellos casi nueve meses esperando. Casi nueve, porque él debía haber nacido el 14 de febrero, quizás se adelantara para evitar llamarse Valentín, quizás, simplemente, sería un reflejo de que su auténtico corazón estaría envuelto en el frío de un mes más invernal. Le pusieron el nombre de su padre, el que, a su vez, lo había recibido por un hermano de su madre y por la devoción que ésta tenía hacia Cristo: Luis Jesús.

Fueron unos tiempos extraños y, en cierta forma, complicados. Pero las ganas de vivir del niño recién nacido junto a la pericia de algunos médicos, lograron sacar adelante la vida de quien ahora escribe ésto, de quien tuvo que superar con un mes de vida una operación para seguir vivo. Como tantas veces ha tenido que superar los baches de una vida humana, como cualquier otra persona, pero siempre desde su particular punto de vista.


Mucho se ha hablado -sincera o falsamente- de él. Aunque tan sólo él puede estar seguro de lo que se cuece en su interior. Tampoco le gusta demasiado demostrarlo, quizás porque prefiere permanecer a un lado y molestar poco, ya era así de pequeño cuando, por miedo a despertar a los cansados adultos, jugaba con el silencio de su imaginación entre mundos que él mismo inventaba (quizás en éso no ha cambiado mucho).

Ahora se ve reflejado en esos niños que juegan algo apartados, como en su propio mundo. Un mundo único donde cualquiera podía entrar, cualquiera que quisiera recibir el cariño de una sonrisa, algo que siempre fue típico en esa niñez y que, con el tiempo, se ha fosilizado para los momentos donde mereciera la pena sonreír, reír, romper la carcajada. A vista de todos, es una persona seria. A vista de quienes lo conocen, es... bueno, él no lo sabe. Porque, después de todo, cada uno tendrá su propia y personal opinión sobre él. Y yo, obviamente, él, no puede saberlo para escribirlo.

Tan sólo puede hablar de todos los errores y aciertos que le han llevado hasta este lugar. Hasta una maravillosa ciudad llamada Granada. Hasta una vida universitaria y el comienzo de un proyecto de futuro en sus amadas letras. Hasta esos veinte años que han pasado intensos y, a la vez, tan breves.


Quizás porque cuando nos percatamos de ese tiempo que ha pasado, es como si no hubiera pasado: 20 años. Y parece que fuera ayer cuando sonreía en esa foto con aquella camiseta que me estaba grande, y ahora sonrío a la cámara cruzado de brazos, con ese estilo clasicista al que me he acomodado. Muchas cosas han cambiado, pero en el fondo todo sigue igual.

Él espera a que alguien se una a ese mundo propio, a ese sueño. Un sueño que ha compartido con muchos, pero que esos mismos han, por tantas razones, abandonado. Él, a veces, no los comprendió, y otras, sí. Pero al menos sabe que ahora, en este tiempo presente, que corre, y que siempre es el que importa, tiene a su lado a esas personas que tanto estima y que seguro sabrán quiénes son si leen este texto.

Comenzando por aquellos que le dieron el tesoro más importante que se puede dar: la vida.

Y terminando por aquellos que, de una forma u otra, alegran cada día. Ya sea con su presencia, con sus palabras o con su sonrisa. Porque él estará contento simplemente si no vuelven a caer. Y ahora comienza el año. Porque como dijo una compañera, nunca hay un día específico para comenzar un año: ¿qué importa que sea 31 de diciembre o 14 de marzo? Para mí será el 31 de enero.

Porque cada uno de esos 31 de enero, a las 9:14 de la mañana, será como si hubiera vuelto a nacer.

Y tendré que dar gracias a todos aquellos que, de una forma u otra, han hecho posible esta vida.



miércoles, 11 de enero de 2012 0 comentarios

Manual de instrucciones.

Las instrucciones no sólo se usan en manuales de productos. Podemos encontrar también órdenes de protocolo que nos enseñan desde que somos niños: no pongas los codos en la mesa, dobla bien la servilleta. También en la escuela teníamos normas: no hables con el compañero, no comas en clase. Y por supuesto, también hay recomendaciones para la vida: no bebas, no fumes. Cumple estas normas para vivir según las normas, pero no todas las personas las cumplen. Atiende a tu alrededor, observa a la gente y comprueba si todos hacen lo que deberían. Cree que sí, pero te aseguro que no. Sepa, querido lector, que no hay en la vida un manual de instrucciones.

Y si lo hay, debió perderse entre tantas otras cosas que se pueden comprar.
miércoles, 28 de diciembre de 2011 2 comentarios

Un bonito sueño

Cuando no se sabe por donde comenzar, siempre pienso que hay que hay que empezar por el principio... Pero a veces la memoria te juega malas pasadas y lo único que recuerdas de la otra persona es su sonrisa, sus ojos, su voz, sus manos, su presencia... haciéndote olvidar cómo os conocistéis, cómo fuisteis creciendo juntos, cómo cambiaron vuestras vidas juntos. Quizás porque nada tiene importancia, salvo que la otra persona existe, que está ahí y que podéis soñar juntos.

Desconozco el momento en que comprendí que no podía vivir sin ti, desconozco la hora en que supe que eras distinta, desconozco el minuto en que entendí que nada importaba, salvo tú. No sé cuándo me atreví a confirmar mis sentimientos, todavía tiemblo al pensar en lo que estoy haciendo y aún no sé cómo afrontarlo. No sé qué significa siempre, pero me gustaría conocerlo contigo; no sé qué significa amor, porque cada día que paso contigo conozco una nueva acepción...

En ocasiones pienso que estar solo hubiera sido lo mejor, porque entonces no tendría miedo a perderte. También pienso que quizás no sea bueno dar otro paso más, porque no sé qué pasará en el futuro y lo que más me molestaría es pasar tiempo sin disfrutar de tu voz; sabiendo que he podido hacerte el daño que antes te ayudaba a curar. Pero es entonces cuando pienso que sería injusto para mi corazón y para el tuyo no ser sincero y seguir mintiéndome, seguir diciendo que no, que es mejor seguir caminando sobre el agua que zambullirme y bucear en tu busca.

Y ahogarme en tus silencios, en tus anhelos, en tus malestares que intentar atravesar el hielo que se forma cuando alguien te hiere. Alcanzarte para salvarte, no sólo ser tus alas, sino también tu guía, tu norte y parte de tu destino.

Ya no ser como un pájaro que vuela junto a la estrella, sino ser parte de su fuego, de esa luz que ilumina al mundo entero... a nuestro mundo.

Ser el ángel que por la noche te resguarde entre sus brazos y te cubra del frío con sus alas.
Y que tú seas la persona a la que debo proteger incluso de mí mismo... La persona a la que amar con cada latido de un corazón que vuelve a latir por alguien.

Muchos se reirán de la palabra amor, pero para mí es la palabra más importante del mundo... y no puedo averiguarlo solo, así que ven... porque quiero que lo comprobemos juntos


Como dos estrellas en el cielo, de quien la luna tenga envidia; como dos ángeles surcando el aire, de quien los pájaros canten alegorías; como dos amantes, que se entreguen al sueño de una noche de verano... y de otoño, y de primavera, y de invierno... Un sueño del que no despertemos, que no se torne en pesadilla y que no se olvide.

He buscado en el cielo,
en la tierra, en el océano,
y hasta en tu pelo.


He viajado lejos buscando
algo que sentía perdido
y que venía anhelando.

En la noche soñé con ella,
buscando su luz bella
en el horizonte de la ciudadela.

Hasta descubrir que mi meta
siempre había estado cerca,
tan cerca como lo estaba la Estrella.


Porque a veces cuesta más poner Te quiero que cientos de carácteres para describir algo que me convencí no se podía describir. Porque se han escrito miles de palabras para hablar de amor y siempre siento que ninguno tiene razón. Porque no hay nada que hable de nosotros dos salvo todo lo que nosotros queramos que hable.

Porque tú y yo podemos forjar un nuevo camino, cruzando aquellos que durante tanto tiempo fueron paralelos en uno solo...

Por eso te pregunto: ¿Quieres venir conmigo a cruzar esos mares de tempestad, a caminar senderos que nadie conoce, a comenzar algo de lo que conozcamos el principio pero no el final, a vivir juntos... compartiendo la mitad de tu vida conmigo y yo la mitad de la mía contigo?



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