sábado, 23 de julio de 2016 0 comentarios

Hay golpes en la vida...

No sé dónde estabas, no sé por qué no te llamé, no sé quién lo hizo, no sé qué pensarás, no sé cómo sonríes, no sé cuándo volverás, no sé siquiera las cosas que te hacían feliz. Y aún así estoy aquí, buscando las razones a las preguntas que no tienen respuesta, demasiado lejos de ti como para salvarte, demasiado cerca como para sentirme impotente, demasiado tarde para enmendar mis errores, demasiado pronto para el remordimiento.

En el momento exacto en que pensé que nada podría ir mal, me has dejado un vacío en el estómago que me golpea hasta el corazón. Nunca he sentido más vértigo que al verte tan perdida en ti misma, tan oscurecido tu rostro y tu sangre aún pintando charcos.

Antes recordaba tus palabras, ahora te comprendo. Antes dibujaba corazones en los cristales empañados, ahora golpeo las ventanas en busca de respuestas. Antes sabía que te quería, ahora sé que mi vida no será igual después de ti.

Quédate. Regresa. Y ayúdame a descubrirte como nunca lo hice.


sábado, 7 de mayo de 2016 2 comentarios

Solo una verdad

A MB.

Cuando ella se marchó por aquella puerta, me quedé pensando en todo lo que había pasado entre nosotros, en cómo la había conocido, cómo habíamos vivido juntos estos últimos años y cómo sin saberlo surgió el amor entre nosotros. Por eso me sorprendió cuando diste aquel portazo y cerraste con él los años que pasamos juntos. Porque no te amaba. O porque no te quería como tú querías que te amara. Quizás vuelvas luego, lo deseo. Porque no sería la primera vez que me equivoco y tú provocas que me dé cuenta. Tú me señalas el camino a seguir, aunque a veces sea yo el que ilumine tus pasos. Supongo que vamos creando entre ambos las piedras a pisar en nuestro futuro. Por eso te envío esta falsa carta, por eso te hablo en el silencio de este salón en que no estás, pensando todas las palabras que no te he dicho, que ahora se me ocurren porque es el momento perfecto para desperdiciarlas en mi mente.

En verdad no te has ido. Ella sigue en esta casa, pero está como ausente. Llueve entre las calles y tú no sabes que estoy teniendo miedo. Que hay un miedo que me atenaza el alma. El miedo de no tener un futuro contigo. El miedo de no cumplir con aquello que siempre te he prometido. El miedo de olvidar las promesas. El miedo de que no seamos capaces de querernos en el tedio. Pero es un falso miedo. Tú lo sabes, yo lo sé: nos conocemos desde que tenemos memoria y nunca nos hemos fallado como para alejarnos. Hoy no espero que sea ese día.

Hoy espero darte más felicidad, un poco más, con el deseo de regalarte un día más. Porque un día más junto a ti es un motivo más para ser feliz. Hoy son veinticinco años, pero espero ver pasar muchos más en el calendario junto a ti. Ver tu cuerpo a mi lado cada despertar y cada noche, ver cumplirse nuestros proyectos, ver que los días atardecen y que pueden volver a amanecer, ver el mundo que nos espera. Cuando te diste cuenta de que te estaba mirando, te turbaste. Y con una solemnidad inaudita te dije:

-El futuro vive en la posibilidad de lo que hagamos hoy. Y hoy decido quererte.

Y supe que te decía la verdad.
martes, 2 de febrero de 2016 0 comentarios

Un instante de serenidad

Ella no lo sabe, pero la estoy mirando. La veo meditar ante todos esos folios, ante el libro que sostiene entre sus manos, sumida en sus pensamientos y reflexiones, moviendo un bolígrafo cerca de su boca, mordisqueando ocasionalmente el tapón, escribiendo o subrayando, se acaricia la mejilla, se aparta un mechón de pelo, tuerce el gesto, parece seria. Y qué belleza desprende.

Ella no lo sabe, pero la estoy mirando como se mira a quien se ama. Ella en su mundo interno, yo en otro universo. Aún no se ha dado cuenta y temo el momento en que me descubra, en que nuestros ojos se entrecrucen y se rompa este instante de serenidad. Este silencio entre los dos, esta ausencia de comunicación en la que ella me dice cosas que siempre calla cuando realmente me habla.


Ese instante de plenitud en que dejamos de estar aquí. Reconforta el alma saberse tan seguro de estar tocando un instante del alma del otro.

-¿Qué haces?

Se rompió el momento, ella me sonríe como el niño al que se descubre en su travesura, con la timidez de quien se desnuda frente a otro por primera vez sabiendo que está a punto de entregarse. Ambos nos reímos. Y yo me quedo esperando. Esperando otro instante de serenidad.

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